TEETETES
Y LA DEFINICIÓN TRIPARTITA DEL CONOCIMIENTO
La definición tripartita del
conocimiento, o también llamada la definición tradicional del conocimiento,
dice que conocer es tener conciencia, verdad y justificación.
El primer texto clásico de epistemología
es “Teetetes de Platón. Con sus textos “El banquete” y “El Fedro”, o de
profundidades metafísicas como es “El Parménides”, aporta a nuestra comprensión
de lo que es el conocimiento cuando en su libro, “Teetetes o de la ciencia”, se
propone responder lo que es el saber.
Hay que tener en cuenta un
importante hecho en el que se buscó responder en qué consiste la ciencia, partiendo
de un dialogo en el que Sócrates, le propone a el geómetra Teodoro, encontrar
el significado de esta (la ciencia).
Se afirma que el “Teetetes”,
es el primer texto clásico de epistemología y de él se deriva una de las
definiciones más recurrentes del conocimiento. Definición que se ha visto de
carácter epistemológico.
Sin más rodeos, como he
dicho al principio, la definición socrática del conocimiento, es igual a la que
los epistemólogos contemporáneos y modernos aceptan.
Conocimiento o
epistemología, es igual a la creencia verdadera y justificada.
Cuando conocemos algo,
independientemente del campo en el que lo hagamos, tenemos creencia verdadera y
justificada.
La filosofía de la
epistemología y la lógica, Susan Haack, en su libro “Evidencia e investigación,
hacia la reconstrucción de la epistemología”, adopta esta definición del
conocimiento, pues afirma que es la más adecuada con los procesos que resultan
de la investigación, tanto en ciencia, como en otras disciplinas.
El saber ya sea empírico o
formal, puede subsumirse en la llamada definición tripartita o tradicional del
conocimiento, aquella que los filósofos le deben a Platón.
En el “Teetetes o de la
ciencia”, son tres las definiciones que se dan del conocimiento. La primera
dice: que conocimiento es igual a sensación. La segunda: que el conocimiento es
igual a juicio verdadero. La tercera: que el conocimiento es igual a juicio
verdadero más justificación.
Justamente la tercera, es la
que con seguridad, hoy se reconoce por los epistemólogos como la definición más
aceptada del conocimiento y la que tomaremos como motivo de reflexión.
Además, la última definición
le parece al filósofo Sócrates, la menos incompleta de las tres. Ya que su idea
del saber se inscribe como metafísica, es decir, lo asume desde la
contemplación de ideas o nociones perfectas.
Fuera de la doctrina
metafísica, la definición final del Teetetes del conocimiento es promisoria en
la explicación de lo que es el saber, sobre todo cuando pensamos en el saber de
lo corporal, o mejor del mundo externo.
Lo primero es que la
búsqueda por el saber, es la búsqueda por el conocimiento en sentido general,
es decir, por obtener la esencia del saber.
Teetetes responde diciendo
que el saber, es lo que sabe el zapatero, el geómetra y el astrónomo, a lo que
responde Sócrates, que si bien esto es saber, en esto no consiste el saber.
Cabe anotar que existe la
confusión de que la epistemología es filosofía de la ciencia, error que es
similar al que comete Teetetes, cuando Sócrates le pregunta ¿qué es la
ciencia?, y este responde apelando a
distintas ramas de la ciencia.
La epistemología es el
estudio de lo que es el conocimiento en sentido general, es decir, de la
creencia verdadera justificada, la filosofía de la ciencia es reflexión sobre,
por ejemplo, lo que es el método científico, lo que es una ley científica, lo
que es una hipótesis, lo que son las teorías científicas. Todo este tipo de
reflexión, como la investigación científica misma, termina igualmente en
creencias verdaderas justificadas.
A la pregunta qué es el
conocimiento, debe darse una respuesta similar, una respuesta que abarque no
solo la práctica científica, a filosofía de la ciencia, el conocimiento
matemático, entre otros, sino todo tipo de producto cognitivo.
Como
dice Sócrates: “Cuando se pregunta lo que es la ciencia, es ponerse en ridículo
el dar por respuesta el nombre de una ciencia, puesto que es responder sobre el
objeto de la ciencia, y no sobre la ciencia misma, que es a la que se refiere
la pregunta”.
Es
importante también tener en cuenta que en el Teetetes con el término ciencia,
se hace referencia al conocimiento en sentido general. Ciencia es igual a
conocimiento.
Teetetes también dice que
conocimiento es igual a sensación. Es tener la percepción de los objetos que se
conocen. Conocemos lo que vemos, así que lo que no vemos no lo podemos conocer.
Cuando observamos las cosas,
nuestra percepción siempre está supeditada a nuestro punto de vista de ahí que
el conocimiento dependerá de los variados puntos de vista.
La idea de la investigación
científica, como paradigmas científicos, defendida por Thomas Kuhn, en su libro
“la estructura de las revoluciones científicas”, asume que el conocimiento
depende de los contextos históricos sociales y culturales de los
investigadores. Es decir, el saber depende de los puntos de vista de la
comunidad científica, el cual se asume a través de los que es llamado paradigma de investigación.
La verdad depende en
consecuencia de lo que cada hombre adopte como verdadero. La verdad depende de
cada paradigma.
En cambio el filósofo
Sócrates, esta totalmente en desacuerdo con lo dicho anteriormente, y este de
manera cínica dice: “en segundo lugar, he aquí lo más gracioso. Protágoras,
reconociendo que lo que le parece a cada uno es verdadero, concede que la
opinión de los que contradicen la suya, y a causa de la que creen ellos que él
se engaña, es verdadera”.
Por lo tanto, la afirmación
de que el conocimiento depende de las perspectivas culturales y sociales de
investigación haría imposible la crítica. Cuando nuestras ideas sean
cuestionadas, siguiendo la idea de Protágoras, se podría decir que no hay formas
de cuestionarlas, pues se deben a nuestros puntos de vista, que no
necesariamente deben ser compartidos por los otros, así que no deben ser
criticados.
Por otro lado, podemos ver
el conocimiento como juicio verdadero:
Asumir el conocimiento como
simple sensación, anula nuestra intuición de que el componente racional y
reflexivo, es necesario en el qué saber.
En esta definición, Sócrates
dice:
“La ciencia no reside en las
sensaciones, sino en el razonamiento sobre las sensaciones, puesto que, según
parece, solo por el razonamiento se puede descubrir la ciencia y la verdad y es
imposible conseguirlo por otro rumbo”.
Teetetes dirá que es el alma
o la razón la que puede encontrar el conocimiento de las cosas, pues los
sentidos solo dan informes aparentes de ellas, y el saber debe ir más allá de
las meras apariencias.
Cuando la razón actúa reflexionando
sobre las sensaciones, dándonos la correcta caracterización de las mismas,
forma juicios, por eso el saber es el juicio. Pero el juicio verdadero, pues
como es de suponerse, el juicio falso no da conocimiento.
Conocimiento como juicio
verdadero más explicación:
Conocer es tener juicio
verdadero más explicación. Ciencias como a física, la química, dan
conocimientos, porque construyen teorías verdaderas sobre la realidad.
Juicios verdaderos, que son
fundamentados o explicados a partir de predicciones y corroboraciones.
Esta es la definición
tripartita del conocimiento o definición tradicional.
LA
JUSTIFICACIÓN DENTRO DE LA NOCIÓN TRIPARTITA
El filósofo Descartes, dice
en su texto “las meditaciones metafísicas”, que el examen de conocimiento debe
empezar por un análisis de los principios o respaldo de las creencias, es
decir, la justificación de las creencias.
Ahora basándonos un poco con
el empirismo, el filósofo John Locke, también circunscribe su análisis del
saber en la condición tercera del conocimiento: La justificación.
Funcionalismo:
Este requiere una distinción
entre las creencias justificadas. Hay creencias básicas y creencias derivadas.
Se requiere un inicio en la justificación, en donde se encuentran las creencias
básicas para apoyar a las derivadas, las que se dirigen unidireccionalmente
desde las básicas; nunca al contrario.
Las creencias básicas, son
aquellas que constituyen el fundamento, es decir, aquellas sobre las cuales
descansa toda la estructura de las creencias justificadas.
Susan Haack dice:
“Algunas creencias
justificadas son básicas; una creencia básica está justificada
independientemente del apoyo de cualquier otra creencia.
Todas las demás creencias son
derivadas; una creencia derivada está justificada a través del apoyo directo o
indirecto de una o varias creencias básicas”.
Así podemos ver entonces que
el fundamentalismo, solo acepta dos clases de creencias.
Coherentismo:
Es la teoría filosófica que
asume el otro criterio de justificación. Afirma que donde haya coherencia, es
probable que esté la verdad. El Coherentismo se basa en el principio lógico de
no contradicción. Si nuestras afirmaciones son coherentes y no contradictorias,
es probable que sean verdaderas, de ahí a que sean justificadas. Y por obvias
razones, si son contradictorias, por lo tanto son incoherentes y muy
probablemente sean falsas y en consecuencia, no justificadas.
El racionalismo cartesiano y
el empirismo Lockeano como filosofías fundacionalistas:
La propuesta epistemológica
de Descartes se ubica dentro de lo que se ha reseñado como teoría
fundamentalista de la justificación. De ahí
se puede afirmar que el racionalismo cartesiano es fundacionalista.
Descartes dice que solo aquello
que sea claro, evidente y distinto, en una palabra: Indubitable, puede asumirse
como verdadero, por lo tanto puede acrecentarse a la seguridad en el saber.
Este filósofo, dice que
existen tres maneras de probar la tenacidad de las creencias: El primero es
conocido como el argumento de la ilusión sensorial. Aquellas creencias que
dependen de nuestras percepciones, en tanto nuestros sentidos estén distantes a
los objetos, deben ser consideradas como falsas, pues dichas percepciones son dubitables.
La segunda es el argumento
del sueño, este nos dice que las labores que estamos realizando pueden ser obra
de una ilusión. Ya que cuando soñamos no podemos reconocer o tener conciencia
de que estamos en ese estado.
No obstante, la tercera
etapa aparece de su método progresivo de la duda. Reconocido como el argumento
de genio maligno, Descartes muestra que es posible y razonable dudar hasta de
las creencias matemáticas, aritméticas y geométricas.
Por: Laura Victoria
Bedoya Prada.
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